70. Un restaurante para la princesa Es un restaurante lujoso, pero que tenga por nombre Diana, escrito con letras grandes, hace que mi corazón se acelere. —Nunca me ha importado lo material, y si piensas que con esto me vas a comprar, estás muy equivocado —le digo cuando logro reaccionar. Me sonríe, toma mi mano y me hace entrar. Es imposible no observar cada rincón del restaurante. Si por fuera es llamativo, por dentro lo es aún más. Los camareros son atentos, se nota la calidad del lugar. Subimos a la segunda planta y Fabián me entrega una carpeta. —Más vale que ganemos la custodia de nuestra hija — me dice. Abro la carpeta y ahora entiendo por qué lo dice: el restaurante se llama como nuestra hija. Es de ella. Cierro la carpeta y la dejo sobre el escritorio. Él se acerca a mí.

