A la mañana siguiente, entro al baño a arreglarme y se escucha que tocan la puerta. Salgo y veo a Fabián sin camisa, con la puerta abierta. Es Fátima quien está afuera. —Te estamos esperando para desayunar —le dice con un tono mimado. —¿Fabián, quién es? —pregunto en voz alta. Él se hace a un lado para que vea a Fátima, quien lleva un short minúsculo, o si así se le puede llamar a eso que trae puesto, y un top. —Ahora bajamos —le digo, acercándome para cerrar la puerta. —Por lo que veo, la paga aquí es muy mala —comento. Él se ríe al entender por qué lo digo. —Me gusta verte celosa. —¿Siempre que viene, ella se viste así? —Sí, pero no soy un puberto que se deja embaucar. Puede andar desnuda si quiere —me dice, y yo me quito la bata, quedando desnuda para cambiarme. Siento sus manos

