Me dejan en la casa de mis padres, preocupados por mi cara. Cuando veo que se alejan, estoy a punto de pedir un taxi para regresar al departamento, pero escucho que me llaman. —Diana —me dice mi madre—, ¿qué pasó? ¿Estás bien? ¿Qué haces aquí tan tarde? ¡Es la 1 de la mañana! —Sí, estoy bien —miento—, solo vine por unas cosas, pero ya me voy, otro día vengo. Ya se me hizo tarde. —Sabes que esta es tu casa, bueno, nunca dejó de serlo. Solo es cuestión de esperar unos meses. Tu padre está haciendo un trato con el papá del señor Fabián, tu hermana también está poniendo de su parte, y pronto todo será como debió Agradezco que esté oscuro, así no me ve cómo traigo la cara, la mitad inflamada. —Diana —escucho a mi padre—, entra. Estoy decidida a irme, pero para mi mala suerte comienza a l

