—¿Qué se supone que le quitó el señor Navarreti? —e pregunto a la niñera. —No dijeron, solo fue eso —responde. La puerta se abre, dándole paso a mi padre. —Tu hermana solo está viendo los últimos detalles con el señor Navarreti —me dice. —Ok —respondo. -Si quieres, puedo llevar a mi nieta y a la niñera a casa, donde está tu madre. —No hace falta, ya nos vamos —le digo. Me levanto cargando a mi hija, y la niñera me sigue por detrás. -Somos una familia, y sabes que no podemos dejar las cosas así —me dice mi padre cuando paso a su lado. —Yo dije lo que tenía que decir, y creo que tú también. —Claro que no. Solo era el dolor hablando. —Muchas veces hay que estar lo suficientemente herido para tener el valor de decir las cosas —le contesto saliendo. Ya afuera, intento tomar un taxi.

