Para quienes me conocen no es un secreto que mi vida es un completo desastre. Cuando tenía dos años mamá murió debido a un cáncer uterino, pero gracias a Dios dejó una modesta suma de dinero que mes a mes se deposita a una cuenta bancaria que se encuentra a nombre de papá, con la que ambos sobrevivimos.
Mi padre, después de que mamá se fuera, cayó en las oscuras garras del alcohol y el dinero de mamá es destinado en gran parte a mantener sus vicios y el restante es para pagar deudas, comer o cualquier otra cosa que yo necesite.
No quiero justificarme con los sucesos trágicos de mi vida, pero desde que conocí el Internet, he vivido bajo una identidad falsa. Estoy inmersa en un mundo virtual donde no revelo mi aspecto real y me escondo bajo la imagen de una guapa chica que es todo lo contrario a mi.
Uso las fotos de una chica que vive al otro lado del mundo y que no tiene idea de quién soy yo. Todo comenzó como un juego, para hablar con otras personas sin tener ese miedo que me caracteriza, porque de todos modos nadie podría reconocerme si me veían en la calle. Yo vivo en una ciudad muy pequeña y siempre he sido prácticamente invisible para las personas, porque mi silencio era lo que más me caracteriza, no soy buena socializando.
El perfil falso era y es mi mayor secreto, nadie lo sabe y considero que también es mi refugio.
Suspiro con pereza y reviso las conversaciones nuevas que he tenido con un chico que vive en España y me río de lo divertido que es él.
—¡C-carooo!...—escucho el grito de mi padre. Dejo el teléfono a un lado y me pongo de pie con rapidez.
Bajo las escaleras a toda velocidad y lo encuentro arrumbado en la entrada de la casa. Su aspecto deja mucho que desear, pero intento no mostrarle el terror que me embarga al verlo en ese estado.
—Angelito, ve a comprar una botella de c-cerveza —se acerca a mí con cautela y deposita un billete en mi mano. Asiento y camino sin decir nada.
Salgo con paso moderado y mientras camino hacia la botillería más cercana siento mi teléfono vibrar bajo el bolsillo de mis pantalones. Reviso las notificaciones y acepto la solicitud de un chico llamado Aaron que me ha pedido hablar por chat.
Trato de enfocarme en caminar, pero no puedo despegar mis ojos de la pantalla de mi teléfono.
>; pienso.
No pasan ni cinco minutos y veo como la pantalla se ilumina con un nuevo mensaje.
Hola bonita, ¿Cómo estás?