El anciano hizo una pausa, las lágrimas le surcaban el rostro. Luego volvió a hablar. ―Durante bastante tiempo, más de tres años, fui el amante de Aurora. Y digo amante, porque la muchacha no quería saber nada de noviazgos ni mucho menos de casarse. Pero era increíble hacer el amor con ella. La pasión nos envolvía y podíamos transcurrir días enteros encerrados en casa, practicando sexo hasta la extenuación. Sacios de amor, nos permitíamos comer algo, reposar unas horas y luego comenzábamos de nuevo a hacer el amor. Han sido los tres años más hermosos de mi vida. Por desgracia, como todas las experiencias hermosas, también ésta terminó. Cuando, en el verano de 1948, Aurora se dio cuenta de que estaba embarazada, dijo que no podíamos vernos más. Para ella aquel hijo era un error, ella no po

