Capítulo 16Il maligno Al día siguiente llegué a la oficina mucho más relajada. Aparte del miedo, creía que el día anterior había sido muy fructífero y que habíamos recogido datos importantes para la investigación. Eché una ojeada al texto que me había llevado de casa de Della Rosa y que yacía abandonado, casi olvidado, sobre mi escritorio. También ese debía ser examinado pero debía encontrar a alguien que conociese, no digo el hebreo, sino por lo menos el latín, para comprender por lo menos el contenido de los párrafos indicados con los marca páginas. No creía, de todos modos, que fuese un dato indispensable porque tenía otras cosas en la cabeza. Esperé con impaciencia a que Mauro y Laura se presentasen por propia iniciativa, ya que no tenía ganas de pasar por jefe rompepelotas llamándol

