—Podemos controlarnos, no somos adolescentes —dije intentando sonar profesional, aunque fallé cuando Max me guiñó un ojo. Nos reunimos en el despacho de Max con Valerie para evaluar su transición. Nos confesó que, tras la salida de Velez y el caos de los últimos meses, muchas empleadas se habían acercado a ella para denunciar comportamientos inapropiados que antes se silenciaban. —Maximilian, esta compañía debe ser un santuario de respeto —dije con firmeza—. Deberíamos crear una política de protección integral, medidas reales para que nadie se sienta vulnerable aquí. —Tienes razón, Elena —coincidió Max—. Tenemos canales de denuncia, pero obviamente no son asertivos si el miedo persiste. ¿Qué te parece si tú, Leyla, Amelia y Laura lideran este comité? —¡Es una idea excelente! —apoyó Ric

