Punto de vista de Elena. Ya habían pasado quince días desde que había vuelto a mi oficina en la Corporación Von Stein. Todo marchaba según lo previsto; seguía de cerca los informes internos y me dedicaba a mis planos sin mayores contratiempos. Max y yo no habíamos perdido la costumbre de nuestras provocaciones. Tal como prometió, me hizo suya sobre su escritorio, me dejó tomar el control en su silla y perdí la cuenta de las veces que nos entregamos a la pasión en aquel sofá nuevo. Dormíamos juntos casi cada noche en mi casa, y los sábados nos refugiábamos en su apartamento. Me sentía plena. Tenía a mi lado a un hombre maravilloso que adoraba a Thiago

