Punto de vista de Maximilian Estaba sentado en una habitación sumergida en sombras, el único resplandor provenía de las luces de Astoria que se filtraban por el ventanal del apartamento. No podía mirar mi cama sin que la memoria me devolviera, con una nitidez dolorosa, la noche increíble que pasé con Elena. Cada rincón del apartamento parecía retener su aroma a ámbar rojo, convirtiéndose en una tortura silenciosa. ¿Cómo pudo hacerme esto? El dolor de la traición era una herida abierta que no sabía cómo cerrar. Desde aquel evento benéfico hace años, el día que perdí a mis padres, me había blindado. Me juré a mí mismo que no volvería a entregar mi corazón tras ser abandonado por aquella mujer que marcó mi juventud. Pero entonces dejé que Elena cruzara mis defensas. No fue un proceso lent

