Punto de vista de Maximilian Hoy llegué a la oficina con una sola idea en la cabeza: limpiar la casa. Los resultados de la revisión de cuentas finalmente estaban arrojando luz sobre las sombras de la constructora, y ver el apellido Velez salpicado en los desvíos de dinero no me sorprendió en absoluto; era una sospecha que venía arrastrando desde hacía meses. Cerré mi computadora personal y la guardé en la caja fuerte de mi despacho. Estaba siendo extremadamente cauteloso con estos documentos; cambié la clave de seguridad y, cada noche, me llevaba los archivos a casa para que nadie pudiera ponerles un dedo encima. No podía confiar en nadie dentro de estas paredes hasta que la limpieza fuera total. Pasé el resto de la mañana sumergido en planos y presupuestos, tratando de concentrarme, h

