Punto de vista de Maximilian Me quedé atónito, sentado en aquella sala de juntas, viendo a Elena salir casi corriendo después de besarme con una entrega que me decía que, a pesar de todo, me seguía necesitando tanto como yo a ella. Me quedé confundido por un momento, mirando esa puerta de cristal esmerilado, sintiendo aún el rastro de su aroma a ámbar rojo en mi piel. Solo cuando Oliver y Oscar entraron de nuevo, volví a reaccionar. Me besó. Correspondió mi beso con una pasión que no se puede fingir. Conozco su cuerpo, sé cómo vibra cuando la sostengo. Me desea. Sonreí con esa certeza; estaba más decidido que nunca a no desistir. —Elena salió de aquí como un rayo, Maximilian —comentó Oscar, observándome con curiosidad profesional. —Me ama. Está enojada, herida, y tiene todo el derecho

