Sus labios se paralizaron en mi cuello, pude imaginarme cómo le cambiaba el semblante. —No quiero oírlo, Hannah —su voz perdió ese apasionado tono seductor y pasó a volverse algo glacial—. Sé bien que el bebé que esperas es mío. Eso no lo dudo. Me quitó el n***o cabello del hombro para seguir besándome con el mismo ímpetu de antes, cómo sí esa pausa nunca hubiese ocurrido. Fijé mi mirada en el techo, ¿cómo podía no dudar de su paternidad? Cualquier otro mantendría abierta la posibilidad, pero no Adam. Me pregunté porqué. —No me acosté con él, Adam —musité de todas formas, para salvar mi reputación de cualquier juicio posterior—. Esa noche que Sean mencionó, llegó ebrio y quiso acostarse conmigo, pero yo no lo dejé... —Basta, Hannah —no me di cuenta de que había parado de nuevo. Y tamp

