Sus brazos, cálidos, calmaron pronto los temblores de mi cuerpo. Cuando mi cerebro asimiló que no había sido un accidente fatal, que mi esposo estaba vivo y que pronto volvería, logré frenar mis lágrimas y mi alma volvió a mi cuerpo. Hacía solo pocas horas había jurado que yo no amaba a ese hombre e incluso lo detesté por su pasado con esa mujer... Y ahora sufría por él. —Iba... ¿solo? —murmuré al minuto, hablando contra su hombro. Antony tardó en responder, por lealdad a su jefe. —No. Iba con su... exmujer. Seguro no lo sabías, Hannah... —Sé sobre ella —lo interrumpí con voz trémula—. Sé quién es Sabine Baker. Otra pausa, Antony estaba sorprendido de que yo supiera tanto, y después, más datos dolorosos. —Venían de una reunión con sus abogados, por temas del acuerdo de divorcio. Por

