Un ronco gemido escapó de él y cortó el beso para verme con ojos brillantes, extasiados. —Respóndeme una cosa, Hannah. Mientras yo respiraba agitadamente entre labios y mi corazón bombeaba como loco, Adam se sentó sobre los talones y me observó desde allí. La mirada avellanada en el rostro de ese guapo hombre estaba cargada de intensidad y profundidad; con una gama de tonalidades verdes, marrones, grises... pero, sobre todo, un vivaz color dorado que tornaba aquella mirada en profundo misterio y causaba que me sumiera en un adormecedor encanto. Traté de alcanzarlo alzando una mano, antes de que él la atrapará y se la llevará a la boca. Con mi mirada hipnotizada por él, lo vi lamer uno de mis dedos antes de chuparlo. Con los dientes, mordisqueó la punta y provocó que un choque de placer

