Charles Clarisse descansa en nuestra cama, cada cierto tiempo le inyectan calmantes para que no despierte hasta que estén seguros de que su alergia se ha desvanecido, su pastel era el único que tenía fresas. No es casualidad, de eso estoy convencido, el problema es que no quiero creer que mi padre pudo haberlo hecho, tampoco quiero creer que es cierto lo que dice la nota de Andrew porque eso me haría dejar de confiar en quien me crio, quizá parezca ciego al no querer creerlo, pero ¿cómo puede ser alguien tan malo? No hay explicación alguna, según yo no. -Hola -dice Clarisse- en realidad ni con esos calmantes me mantendrán quieta. Sonrió y ella me corresponde, pero en sus ojos puedo ver una pregunta que no quiero responder, no hoy. -No saben quién puso las fresas -digo. -Fue el rey -di

