Son las nueve de la mañana supongo o al menos eso marca una pantallita que creo que es un reloj, considero que es hora de levantarme así que me dispongo a poner un pie fuera de esta cama pero cuando intento hacerlo me voy hasta el suelo que estaba muy abajo, solo grito un fuerte ¡¡Ay!!
-Clarisse -dice Charles- ¿Qué tienes? háblame ¿estas muerta?
No tengo ganas de verle la cara al príncipe tonto.
-No empieces -digo alejándolo de mi e intentando pararme pero luego sentándome- ¿Por qué tu cama esta en el cielo? Creo que me rompí algo.
Supongo que es excéntrico pero sus locuras me están causando dolor físico y emocional, no esperaba que un príncipe fuera así de raro, nos han enseñado cosas distintas de la realeza.
-Perdón, déjame revisarte -dice tomándome el tobillo e intentando explicarme lo que paso- mi cama es alta pero a la vez magnética, es decir, madera que abajo tiene imanes, me pareció algo atractivo e innovador. No tiene nada que ver con las extravagancias que me rodean... Clarisse, creo que te has lastimado el tobillo.
-¡¡Genial!! -digo irónicamente- mi primer día y ya me lastime algo.
-Cálmate ¿quieres? -dice- no eres la primera ni la ultima a la que le pasa algo así, bajaremos a desayunar con mis padres, supongo que usaras la misma ropa ya que no tienes alguna otra prenda, te llevare yo y de ahí supongo que iremos con algún curandero, doctor o que se yo.
-Eso me preocupa... tu no sabes ¿entiendes? -digo intentando no llorar- solo llévame a casa, quiero ir a casa, con mi mama, mi papa, Will y bigotes.
-Lo siento pero no puedes volver -dice- ¿Quién es bigotes?
-Mi gato.
Charles cumple su parte, me lleva hasta el comedor aunque mientras vamos bajando siento como mi estomago se retuerce de nervios, se que ahora me tienen que soportar por elección de su hijo pero no quiero eso, yo quiero que me devuelvan a casa, al lugar donde pertenezco. Estamos en el comedor, me siento en la mesa y hay un plato sobre otro plato con varios cubiertos a los lados, el rey y la reina están ahí siendo espectadores de todo lo que sucede pero hay muchas cosas que no entiendo como para hacerles una reverencia o ponerles atención.
-¿Que es esto? -le digo a Charles en un susurro- no los conozco, no todos.
-Se supone que por educación debes comer con esos pero no te preocupes -dice guiñándome el ojo- hoy haz lo que quieras.
Me dispongo a hacer lo que quiero, después de todo yo tengo permiso ¿Qué no? los padres de Charles solo me observan como si no pudieran creer lo que están viendo, en realidad como sin cubiertos porque quiero que me echen de ese lugar y me devuelvan a casa, sus padres observan y el también me observa pero tiene una pizca de ¿diversión?
-¿Terminaste Clarisse? -dice Charles con una sonrisa- ahora vamos al doctor.
-Ya-ya termine -digo tartamudeando ¿doctor? no estoy muriéndome- ¿y si mejor no vamos?
-Que le paso -dice el Rey dando un golpe a la mesa y yo sólo me sobresalto- exijo una respuesta Charles.
-Cariño -dice la Reina- estas asustando a nuestra invitada y no queremos eso ¿verdad? Toma asiento, de seguro esta bien, por favor, hay que esperarnos al postre si quiera.
Ella tiene razón, nos esperamos al postre y es delicioso, es como un pastel pero no con apariencia de uno y tiene una consistencia tremendamente deliciosa, es como una cosa indescriptible, comienzo a comer, muy rápido, termino casi en cuanto me lo sirven.
-¿Que te sucede con la comida? -dice Charles mirándome con un horror fingido- ¿acaso no comías?
-Si -digo justificándome- el problema es que en casa no hay cosas tan deliciosas, todo lo que comemos es viejo o procesado por las mismas fabricas locales así que tiende a tener un sabor extraño.
La Reina solo me mira intentando darme el crédito, supongo que ella sabe que es cierto, también viene de allá y negarlo seria incluso vergonzoso.