Falso

1752 Palabras
A las siete de la mañana Yanni ingresó a la habitación para encontrar a Lita vestida viendo las noticias en el televisor. Iolita no pudo menos que admirar la coqueta actitud del galeno; además de ser joven, amable y lleno de energía a pesar de la noche en vela, Tappan gozaba de un físico de ataque. Con cuidado permitió que observara los golpes en su torso y el estado de la herida en su cabeza. El médico miró la bolsa de suero y cuestionó el porque estaba por fuera, Iolita contó lo ocurrido, aprovechando la oportunidad para solicitarle que la ayudara con lo de Janeth. Las cámaras y los oficiales les darían la pista de quien era la mujer, pero necesitaban una prueba que delatara a quien la envió a hacer el atentado. El médico salió con la nueva muestra para el laboratorio, llamó a Janeth Corso y supo que ya estaba en el aeropuerto, hablarían tan pronto llegara, luego se dirigirían a la casa de Carolina Manjarrez, quien se ocuparía de contarle como sería su labor con Iolita. A las once de la mañana tenían los resultados, no era conveniente seguir con Lita en el hospital, Yanni solicitó los papeles para darla de alta y aseguró que la enfermera sería contratada por la señora Manjarrez, comprobado lo dicho por el médico, se autorizó la salida. Lo que quedaba era convencer a Matías de no ir en contra de las disposiciones de Carolina, y que no le diera por llamar a averiguar quien recomendó a la señorita Corso. Yanni llegó a la habitación donde Iolita seguía viendo televisión, preguntó si su esposo o madre iban a recogerla para hablar de los exámenes, la azabache contestó con una negativa, un poco apenada por la situación que tanto quería ocultar sobre el maltrato del que era víctima. Tappan se sentó a su lado explicando lo que habían encontrado. El gesto de sorpresa en su paciente demostró que desconocía por completo su condición de salud. En un reflejo infantil le pasó su mano por el desordenado cabello y le ofreció llevarla a casa, igual su turno ya había acabado y podía servirle de chofer. La charla en el automóvil fue agradable, Iolita limitó su círculo social a Carolina y Janeth, conversando con ellos casi siempre por vía telefónica o internet. Sus salidas eran con Matías y cada vez se daban con menos frecuencia. Al ver la casa de Manjarrez entendió que la frase de Yanni al despedirse tenía mucho de verdad: «Querida princesa, hemos llegado a su torre de cristal» —ingresó con una leve sonrisa, Yanni era el que parecía un príncipe, ella si escasamente llegaba a rana, rio por la imagen de la Hyla que representaba a las empresas de acueducto de la capital, ella era igual, todos la veían y sabían de su existencia, pero nadie se preocupaba por cuidarla, podía catalogarse en vía de extinción si Matías volvía a golpearla como la última vez. Iolita entró a la casa y saludó a la joven mucama pidiéndole llevar el almuerzo a su habitación, así como retirar las prendas que dejaría en la canasta y quemarlas, lo que menos deseaba era tener el recuerdo del incidente con su esposo. Al salir del baño se vistió con algo que le permitía la movilidad de la pierna, al menos el yeso blando sería removido en dos semanas y el traumatismo fue cerrado, ahora necesitaba pensar en los resultados del laboratorio. La droga que fue suministrada por primera vez fue para que su cerebro produjera alucinaciones, la segunda dosis, sin embargo, era heroína en estado casi puro, si no se hubiera dado cuenta, la muerte sería el único desenlace. El enemigo que tenía la quería fuera del camino, a pesar de la situación en que se hallaba, no comprendía el por qué. Su herencia estaba más que menguada, sólo recibiría una parte de la empresa cuando Pieter muriera, y por la hacienda, esa estaría a cargo de un albacea hasta que tuviera un hijo. En otro momento esa idea le habría llenado de gozo, pero ahora era más una pesadilla. Amaba a los niños, no obstante, su vida matrimonial no era apta para criar a ningún bebé. Podría jurar que, de tenerlo, Matías de inmediato correría a un juzgado a quitárselo para compartirlo con Olivia. Recogió la ropa metiéndola en una bolsa y entregándose a la doncella que ingresó con la bandeja de alimentos. La chica escuchó las nuevas indicaciones y salió tropezando con Cortés en la puerta. —¿Por qué no me avisaste para ir a recogerte? —preguntó dándole un beso en la mejilla—. Deberías ponerte ropa más ajustada para hacer honor a tu cuerpo. En otro momento ese comentario la hubiese ruborizado, pero lo ocurrido el día anterior tras la charla con Pujol, algo cambió en su interior. Con una sonrisa aceptó el cumplido en vista de que no podía sacarlo de la alcoba, así que simplemente procedió a almorzar y responder la pregunta. —Del hospital se ofrecieron a traerme, por eso no te moleste —vio a Matías sentarse frente a ella y arreglar el mechón de cabello que se resbalaba por su mejilla para acomodarlo tras la oreja. —Te ves hermosa, me gustaría que supieras cuanto te amo. —¿Qué quieres Matías? —repuso Lita dejando los cubiertos en el plato de manera brusca—. Casi me matas hace cinco días porque no deseabas que fuera a visitar a mi abuelo, me insultaste gritando que era una perra por hablar con el contador de Carolina, y ahora me dices que soy hermosa y que me quieres. Cortés tomó el vaso de jugo que le llevaron a Iolita, le hubiera gustado más el vino que normalmente consumían con las comidas, pero el estado de salud de la ojigris lo impedía. Suspiró y colocó el cristal sobre la mesa para suspirar y mirarla con fingido arrepentimiento. —Por favor, perdoname. Yo…yo no soporto que estes rodeada de hombres que sólo quieren tu fortuna —Lita observó cómo pasó su mano por el n***o cabello en señal de estrés, era un gesto que tenía desde adolescente y siempre lo hacía cunado estaba frustrado—. Quisiera que nos demos una segunda oportunidad, vivir como cuando comenzamos a salir, ser la perfecta pareja de novios, amigos y amantes. Matías analizó la expresión de Iolita con cuidado, desde que conoció la condición económica de su esposa, decidió que debía actuar con más inteligencia y estrategia. Una vez que salió del hospital llamó a Olivia y le comentó lo que ocurría. Bonares colgó sin contestar, en la madrugada se apareció en la casa, y en medio de besos y caricias acordaron lo que harían. Por ahora decidió cambiar el tema. —¿Qué te dijo el médico? —Un desorden hormonal por no alimentarme correctamente. Iolita sabía que era mala mintiendo, así que optó por levantarse y mostrarle el resultado de laboratorio explicando lo dicho por Yanni. Cortés la miró a los ojos y vio total franqueza, atrayéndola hacia él, tiró los papeles para darle un beso en los labios que le supo al jugo de maracuyá que estaba consumiendo. —¿Qué vas a hacer con Olivia? Los besos de Matías siempre la dejaban en un estado de excitación que la sumían en el espejismo de su amor sincero, en su mente algo le gritaba que no volviese a caer en las mentiras, pero su corazón era demasiado débil con aquel que amó desde sus catorce años. Iolita escuchó el celular de Cortés sonar provocando que el hombre la corriera un poco para contestar, momento que aprovechó para volver a su silla y seguir comiendo. La dulce risa de su esposo y el nombre que pronunció le hizo entender que lo vivido minutos antes era una muestra de lo débil que podía ser ante él. Matías le pidió permiso saliendo de la habitación, con cuidado Lita se paró detrás de la puerta escuchando las palabras cargadas de sentimiento que Matías le dirigía a Olivia. Era fácil decir un «te amo» a esa chica que lo abandonó años atrás a su suerte, y tan difícil pronunciar un «te quiero», para ella. Cuando se percató de que la llamada finalizaba, caminó como pudo hacía la cama, no podría decir que lo estaba espiando. Cortés abrió la puerta viendo a Iolita apoyada en el bastón que no había notado, trató de auxiliarla siendo detenido por ella, quien argumentó querer ser independiente en las semanas que le restaban con el yeso. Matías sabía que oyó su conversación, pero prefirió dejarlo de ese modo. —Debías regresar a la habitación matrimonial, esta no es nuestra alcoba. —Prefiero quedarme aquí, pronto vendrá una enfermera para las terapias y no quiero incomodar si trae algún aparato o con las medicinas. Matías se sentó al lado de Iolita en la cama, cogió su mano y le sonrió con tristeza. —Dejaré a Olivia, ella sabe que te amo, esos días en el congreso nos hicieron darnos cuenta de que lo que vivimos ya es pasado. Iolita quería reír a carcajadas por la frase que escuchaba, Matías era consciente que ella le brindaba la seguridad de un hogar, de una familia, de una solidez económica que ningún otro le daría, ni siquiera su amada Oli, porque todo dinero que se movía en Bonares era supervisado por el señor Camilo, padre y dueño de la compañía. —Voy a salir, tengo una reunión para el informe de los contratos obtenidos en el congreso. Cortés se levantó y le dio un beso en la frente, Iolita le siguió con la mirada, quiso arreglar las mancuernas y anudar correctamente la corbata, ya que Matías demasiado torpe para hacerlo y siempre le quedaba torcido; empero, esa acción debía ser retenida para no darle falsas ilusiones y confirmarle que podía tenerla tan pronto él lo quisiera. Matías se aseguró de llevar las llaves del coche, pasaría por unos papeles al estudio y regresaría para la cena, esa fue su despedida. Iolita sintió un nuevo beso en su frente y oyó la promesa de consentirla más tarde. Se asomó a la ventana viéndolo partir, en su corazón no sintió dolor ni amargura, en ese instante el deseo de regresar a la hacienda fue lo que llegó a su cabeza. La necesidad de dar orden a su vida, de olvidarse de su madre y entender qué era lo que le unía a Cortés.
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