Caterina bebió la séptima toma del jarabe para la tos y entonces en medio de la noche le tocó levantarse para ir al aseo, pues tenía fuertes retortijones de estómago, sin embargo, estaba feliz, pues sabía lo que seguía a continuación, el acto de la naturaleza en su más grande esplendor. Se sentía terrible físicamente, pero por dentro brincaba en una pata, como había oído decir a su madre años atrás cuando intentaba hacer ver que algo le alegraba en demasía, pero eso solo significaba que por fin se libraría de la carga de ser madre una vez más, algo que no le deseaba a nadie que quisiera tener aunque fuera un poco de independencia y relevancia por sí misma. Las madres casi nunca tenían privacidad ni tampoco eran entendidas como seres individuales. por eso y muchos otros motivos, la mujer

