Las orbes azules como el hielo de Caterina se abrieron lentamente, y lo primero que quiso palpar fue su vientre, más por instinto que otra cosa, pues no quería en realidad a la criatura que pudiera salir de ella, sin embargo, sonrió al saber que el problema estaba resuelto, y ya nada más podría molestarla de tal manera que la hiciera perder los cabales. Su cuerpo estaba muy débil, pero eso no le impediría levantarse de la cama, puesto que tenía muchas cosas por llevar a cabo, y al ser una de las señoras más importantes en la comunidad, no podía faltar muchos días seguidos a las reuniones que tuvieran los distintos clubes a los que pertenecía. Quiso hacer el intento de levantarse, pero su cabeza dolía horrores, con unas punzadas que terminaron por hacerla caer en la cama de nuevo, sin siq

