Tengo un par de senos saltando sobre mí, y otra, ubicada detrás de mi cabeza, esparce aceites sobre mi pecho mientras complementa con deliciosos masajes. He probado todas las variantes, he recurrido a numerosas prostitutas, ninguna repetida, porque en el ámbito s****l, la repetición no me atrae. He permitido el látigo, la penetración anal, la electrocución, y siempre termino insatisfecho. Ninguna otra prostituta ha logrado proporcionarme un sexo tan desenfrenado y sádico como Mimarie. Recuerdo salir del club y, en el auto, repasaba cada palabra, cada susurro. No tengo imágenes porque en ese momento Mimarie me tenía los ojos vendados; solo recuerdo sensaciones, el tono de su voz y su sonrisa perversa. Incluso recuerdo la temperatura de su cuerpo. Esa desgraciada me dejó trastornado; ya no d

