El sol del mediodía cae con fuerza sobre la plaza, pero la brisa ayuda a que el calor se sienta soportable mientras camino sin apuro. No es que tenga grandes expectativas sobre este almuerzo, es solo un favor entre colegas —uno que, con suerte, sembrará una cuartada en la mente de Vanessa y David. Aun así, me puse los labios rojos y ese blazer que siempre me hace ver como si supiera más de lo que digo. No porque me interese impresionar a Edward, sino porque siempre vale la pena causar una buena impresión. Y, bueno…, también me gusta robar un par de miradas de camino. Lo reconozco de inmediato, apoyado junto a la entrada del restaurante, mirando hacia los lados como si buscara a alguien sin mucha ansiedad. Está vestido con su estilo clásico, camisa blanca y pantalones de vestir, ligeramen

