Corazón roto en enfermería

1937 Palabras

El club arde al otro lado de la calle. Las llamas se elevan como lenguas furiosas que devoran lo que durante años fue un refugio, un escenario, un hogar para muchas. El humo espeso sube al cielo nocturno y me quema los ojos, aunque sé que no es solo por eso. Los recuerdos regresan sin pedir permiso: los gritos, el pánico desatado, el sonido seco de los disparos. El cuerpo de Madame Esther cayendo hacia atrás, sus ojos abiertos, inmóviles. Maldición... Y sin darme cuenta empiezo a llorar. No con sollozos ruidosos, sino con ese llanto silencioso que nace cuando algo se rompe por dentro y ya no hay manera de sostenerlo. No estoy sola. Siento los brazos de Gabriel rodeándome con firmeza, como si temiera que el viento, el fuego o mis propios pensamientos pudieran arrancarme de la rea

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