Mientras me lleva a la cama, Nick se fija en mis ojos a través del antifaz, con una chispa juguetona en su mirada y un tono suave, me dice: —No he dejado de pensar en tu cuerpo, me tienes loco. Ok, esto es malo. No quiero que vuelva a solicitar mis servicios y tampoco quiero que se vaya a quejar con Madame Esther… ¡¿Qué carajos hago?! Entonces se me ocurre algo que, tal vez, podría asustarle para que no se le ocurra regresar conmigo, algo que, a su vez, sea memorable para él y que suprima cualquier intensión que tenga de quejarse. —Pues hoy te haré vivir algo que te hará pensar en mí aún más —digo en un tono suave y seductor. Nick sonríe curioso, con aquellos ojitos azules brillándoles de pura travesura… Él ni se imagina. —Dime, corazón ¿Te gusta el sexo anal? —le pregunto. —Me en

