CapítuloVI. Ayúdame

1717 Palabras
Estuvimos haciendo el tonto unas dos horas en la piscina. Sirius consiguió levantarme bastante el ánimo y logró que olvidase todos mis problemas. Me sentía tan completa con él, ojalá estos momentos durasen para siempre. *Flashback* —Hija, no podré recogerte hoy. Enzo vendrá por ti—. Mi padre frenó el coche y se giró hacia mí. Estaba sentada en el asiento trasero de uno de sus coches. Le miré fijamente y asentí con la cabeza, estaba más que acostumbrada a que venía Enzo a recogerme. —Adrienna, ¿qué sucede? —Preguntó con preocupación, al parecer había notado que estaba más callada de lo normal. —No me gusta ir a la escuela—. Le confesé. Todos me tenían miedo, no tenía amigos. A pesar de que se me daban bien los idiomas y la geografía, los profesores ni siquiera me preguntaban cosas como a los demás. Cuando tenía algo mal, me ponían buena nota, en vez de corregirme, si quería aprender, tenía que hacerlo por mi cuenta. Gracias a Delfi, pude mejorar en matemáticas y en ciencias sociales. Los alumnos me evitaban y por más amable que intentaba ser, más me ignoraban todos. —Todos me tienen miedo y nadie habla conmigo—. Suspiré y apreté la mochila con mis manos. —Adrienna, no pienses en ellos, no merecen tu compañía… Eres mejor que estos críos… Y créeme, las personas que quieran tener una relación sincera contigo, te hablarán y estarán contigo pase lo que pase—. Intentó animarme mi padre. Le di las gracias y me bajé del coche. En silencio me dirigí hacía mi clase, por el camino saludé a algunos compañeros, pero de nuevo me ignoraron. Me senté en mi sitio y saqué la libreta de ciencias sociales. Era la única de la clase que se sentaba sola, los demás tenían a su pareja con la que pasaban el tiempo libre en hablar y contarse cosas. Dirigí mi vista hacia la venta y me puse a observar el pequeño bosque que se encontraba a lo lejos. —Oye, hola… —. No le hice caso a la voz, ya que estaba más que convencida de que no me hablaba a mí. —Hey… hola—. Alguien tiró de mi hombro provocándome un susto. Me giré hacía la voz, y vi a un chico de mi edad, con el pelo extremadamente claro, de un color plateado, sus ojos azules me miraban sin ningún temor y una sonrisa nerviosa apareció en su rostro. —¿Qué quieres? —Pregunté con un tono demasiado antipático, pero aún así no se movió del sitio. —Voy a ser nuevo en la clase y quería saber si puedo sentarme a tu lado—. Me observó y empezó a poner sus cosas en la mitad vacía. —Sé que hay asientos libres, pero tu pareces buena chica y quiero que seamos amigos. ¿Estás de acuerdo? —Agregó y se tomó asiento. Me quedé sorprendida y sentí como se me hacía difícil aguantar las lágrimas. —Me llamo Adrienna—. Le tendí la mano y le dediqué una cálida sonrisa. —Siento si he sonado borde, pero no tengo muchos amigos aquí… Todos me tiene miedo—. Le confesé. —Yo soy Sirius. No te preocupes… Yo seré tu mejor amigo, valgo más que cien personas—. Sacó de la mochila nueces y las puso en la mitad de la mesa. —Si quieres coge, están muy buenas. Cada sábado las voy a buscar con mi padre—. Comentó con una enorme sonrisa. *** —Tierra llamando a Adrienna, ¿sigues aquí o ya estás en el nuevo mundo? —. La voz de Sirius resonó en mi cabeza. —Perdona, estaba recordando el día que nos conocimos—. Me senté en el borde de la piscina. —Pufff… imagínate, tantos asientos libres y me siento al lado de la chica más borde de la clase—. Me sacó la lengua como si fuese un niño pequeño. —Eso lo dices ahora, pero entonces lo viste como la mejor opción posible—. Me encogí de hombros. Sirius se sentó a mi lado y me cogió de la mano. —Pues de momento no tengo quejas—. Sonrió. Le miré fijamente y vi como apoyó su frente en la mía. Sentía su respiración agitada y podía oír los latidos de su corazón de forma clara. No lo pude evitar, decidí coger las últimas migas de valor que tenía y uní nuestros labios en un beso. Los ojos de Sirius se abrieron llenos de sorpresa y shock, me aparté y estaba más que lista para disculparme, pero antes de siquiera poder decir una sola palabra, me devolvió el beso. Un beso torpe e inesperado se convirtió en uno lleno de pasión y amor. Sus manos acariciaron mi espalda, la piel me ardía y mi corazón se llenaba de deseo, quería más. El tiempo se había parado, pero tuvimos que parar para coger aire. —Esto no lo vi venir—. Comentó Sirius pasándose la mano por el casi seco. —Ya somos dos…Creía que el sentimiento no era mutuo—. Confesé, bajando la cabeza. —Pues ya nos hemos convencido de que no—. Soltó una sonora carcajada. —Disculpen, pero la cena ya esta lista—. Apareció una tercera voz entre nosotros. Por primera vez, una parte de mí quería saltarse la comida y seguir jugando con Sirius… Deseaba recuperar el tiempo perdido, pero Sirius pareció olvidar todo al oír la palabra comida. Nos pusimos de acuerdo en encontrarnos en el comedor. Al llegar Sirius ya estaba comiendo, tomé asiento y por primera vez después de mucho tiempo mantuvimos una conversación normal. Mano Negra, quien solía cada noche hablar sobre trabajo, se puso a discutir con Sirius sobre deporte y sobre equipos de fútbol. Ambos mencionaban equipos y jugadores de los que nunca había oído hablar, y comparaban partidos. Terminamos de comer y nos dirigimos hacía nuestra habitación, pero Sirius insistió en que quería hablar un rato conmigo. Pensé que quería aclarar lo que había pasado en la piscina. ¿Podría estar arrepentido? —Adrienna, sabes que te quiero mucho y que sería capaz de hacer por ti cualquier cosa—. Dijo con un tono serio. —Quiero pedirte un favor—. Agregó y me miró fijamente a los ojos mientras que sostenía mis manos. —Sabes que puedo ayudarte con lo que sea… ¿Dime, que puedo hacer por ti? —. Quise saber con curiosidad. —Me gustaría que me dieras algún trabajo… Sé que serías capaz de darme dinero, pero quiero trabajar para ti y ganármelo de forma honrada. Mis padres están en las últimas y quiero ayudar de alguna forma—. Me quedé boquiabierta. Esperaba cualquier cosa, pero nunca pensé que estaba interesado en trabajo. A pesar de que me gustaría mucho mostrarle apoyo, por desgracia no me parecía correcto hacerlo ahora… Ya que seguía sin saber cuáles eran las intenciones de Colibrí y no quería poner en peligro a Sirius y a su familia. Jamás me perdonaría si les hiciese algo. —Sirius… Lo siento, pero no puedo hacer nada. Puedo darte dinero, no tienes que devolvérmelo, tomadlo como un regalo—. Le pedí y cogiéndole las manos con más fuerza. —¿Por qué no? Te juro que soy capaz de hacer cualquier trabajo, solo dame la oportunidad— Pidió con rastros de desesperación en su voz. —Sirius, sabes muy bien que yo no estoy de acuerdo con lo que hago… Que desde la muerte de mis padres he intentado huir y dejar atrás esta vida llena de peligro, sangre y muerte… No podría vivir conmigo misma si te hago parte de esto—. Le expliqué con la esperanza de que entendiese la situación. —Creía que éramos amigos… —Somos amigos, por eso intento protegerte… No es todo tan fácil… Hay gente muy peligrosa y capaz de hacer locuras, no solo a ti, sino también a tus padres—. En su rostro vi desilusión. —¿Acaso no podrías protegernos? —No es tan sencillo, tengo las manos atadas… No puedo hacer nada… Pero puedo darte dinero, por favor acéptalo y cuando la situación se calme, pensaremos en algo, te lo prometo—. Pedí, pero le había perdido. Sirius se levantó de mi lado. Me deseo buenas noches y se marchó de la habitación. Lo que se había convertido en un día fantástico, terminó de la peor forma posible. Sabía que el ego de Sirius nunca aceptaría dinero por nada, pero no estaba dispuesta a arriesgar su vida. Con los pensamientos más turbios posibles me quedé dormida. Me despertó el sol que entraba por la ventana. Miré el reloj que tenía sobre la mesita de noche y vi que marcaba las ocho y media. Di un bostezo y decidí levantarme. Me cambié, y me dirigí hacia el comedor, donde se encontraba Enzo, quien parecía estar esperándome. —¿Dónde está Sirius? —Le pregunté y vi como su rostro cambió de la nada. —Responde. —Se levantó hace una hora y dijo que tenía que volver a casa. Le ofrecimos llevarlo, pero se negó rotundamente e insistió en irse. Quisimos retenerlo, pero parecía no escucharnos—. Se pasó la mano por el pelo y se cruzó de brazos. Solté un pesado suspiro y negué con la cabeza. Como era de costumbre se había enfadado, al parecer seguía siendo igual de terco. Lo único que me quedaba era esperar a que se le pasase y luego ir visitarle. Quizás si le hubiese contado todos los detalles, me habría entendido. —¿Ha pasado algo? —Exigió saber Enzo. —Me pidió trabajo… Y yo no pude dárselo… No sabiendo que Colibrí podría usarlo en mi contra—. Resumí, Mano Negra había oído parte de nuestra conversación, pero no le dio demasiada importancia. —En cuanto las cosas se calmen, buscaremos la forma de ponernos en contacto con Sirius y contarle la situación—. Decidió. —Ahora debemos hablar sobre Colibrí, se nos agota el tiempo—. Continuó sirviéndose un poco de whisky.
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