“Todos somos aficionados. La vida es tan corta que no da para más”. —Charles Chaplin Se despertó en sus brazos, no sabía cuanto tiempo había trascurrido, sentía la piel pegajosa por el sudor, fue a la zona de aseo, nuevamente, si, sabía que eso era desperdiciar, pero que se le va a hacer, tenía que limpiarse después de toda aquella faena. No pudo evitar editarse nuevamente recordando aquellas caricias, ahora sí, conocía por fin lo que era el sexo, lo que significaba sentirse amada y deseada, y claro lo que se había perdido todos esos años por dedicarse al trabajo, no estaba arrepentida en absoluto, pues no había conocido a nadie como el capitán Weels, o Richard como ella lo llamaba y sentía que simplemente estaba destinada a perder la inocencia en los brazos de aquel, su hombre perfecto.

