Las horas parecieron eternidades para Berlín. Su corazón latía con fuerza en su pecho, anticipando el momento en que vería a su jazz, nuevamente. Al fin, el avión aterrizó y la adrenalina recorrió su cuerpo. Rápidamente, se dirigió al lugar donde le prometió a Jazmín que le esperaba la sorpresa que le había prometido. Mientras que jazmín se dirigía al apartamento donde según Berlín le dejaría un regalo con una vieja amiga. Al llegar al edificio, sus manos sudaban y su respiración se aceleró. Con un nudo en la garganta, tocó la puerta del apartamento. En ese instante, el tiempo pareció detenerse. La puerta se abrió lentamente y allí, frente a ella, estaba Berlín. Su corazón dio un vuelco. Aun así, no tuvo tiempo de decir absolutamente nada, ya que los labios de Berlín reclamaron los su

