Despierto, sigo encerrada en el armario. Me duele el cuerpo, mucho. Miro mis brazos, tienen moretones por todas partes. Me toco el rostro, siento mi quijada un poco hinchada y adolorida. Esto es peor que la anterior vez, ahora ellas dos no tienen freno. La puerta se abre, es mi tía. - ¿Qué tal pasaste la noche? Pregunta sonriente. - Por favor… - la miro desde el suelo – Por favor… - Toma… - me arroja una bolsa, tiene un pan dentro – No soy tan mala como crees querida… al menos te alimentaré - Él vendrá… - intento alzar la voz, pero no lo consigo, el llanto dañó mi garganta – Querrá verme por lo que pasó… - ¿En serio? – se ríe - ¿Qué te hace creer eso? – se agacha y queda a mi altura – Si ayer él y mi hija tuvieron una cita - Él no la ama… - borra su sonrisa – Y lo sabes… - No me im

