Abro los ojos, miro el reloj, ya son las ocho, mi tía debe de estar en el gimnasio o desayunando con sus amigas. Me levanto, me duele el cuerpo por el evento de ayer. Entro en el baño y me doy una ducha caliente, al menos el baño y el agua caliente lo he podido conservar. Regreso a la habitación y me visto, miro el reloj, son las nueve, mi tía debe de estar desayunando con sus amigas. Tomo la perilla de mi puerta ¿Estará abierta? Ya no le he dado motivos a mi tía para que desconfíe de mí, no he hecho nada que denote que no he obedecido sus órdenes. El abuelo está bien, sigue algo aturdido por lo de aquella vez y mi tía sigue negándose a alimentarlo como es debido, así que yo le dejo preparado un poco de comida. Abro la puerta, salgo de mi habitación ¡Gracias universo! Bajo al primer piso,

