Dime que sí
—Está bien.
¿Qué le podía responder que no fuera eso?
Es que Hanny molesta daba miedo, se transformaba absolutamente de una tierna gatita a una pantera con garras afiladas mostrando sus dientes. No tenía derecho a discutir. Además, la había hecho pasar por varios contratiempos estos días que nos quedamos en la academia, de los que no me arrepiento, pero tampoco puedo negar que me he divertido. Por suerte quedaba poca gente y la pude tener solo para mí.
Cada día que pasaba con ella, sentía que de alguna forma era la persona correcta. Puede que su familia sea extraña, pero también son personas extraordinarias y eso lo comprobé no solo estando con ellos en el hospital, sino que con sus actos en estos días. Ella era simplemente perfecta, para cualquiera, la pregunta era si yo era perfecto para ella.
La noche que llegamos a la academia, mi suegro me envió todo mi historial médico y lo que ellos habían hecho por salvarme con una nota.
“Si hicimos todo esto por ti tómalo como una oportunidad de vivir por ti y por tu hermano, él te lo agradecerá donde quiera que esté, demasiado te demoraste en llegar con nosotros, pero creo que por algo pasan las cosas.
A veces la vida te da estás pruebas y también estas segundas oportunidades, acéptalas como el gran don que te ha tocado y no busques pretextos para venir a tratarte.
Y de paso te recuerdo, cuida a mi princesa, ella es demasiado valiosa y mi única hija, pobre de ti que sepa que la has hecho llorar o pasar un mal rato, puede que me olvide de que soy médico y deshaga lo que hicimos hace cinco años.
Descansen y no hagan nada que me haga abuelo tan joven, ya sabes solo con un anillo te lo voy a permitir...
Atentamente.
Doctor Bruno Cicarelli.
Pd: No creas que te diré yernito tan fácil.“
Creo que la sonrisa que me sacó Bruno Cicarelli esa noche, aún la tengo tatuada en mis labios, ese hombre era un maravilloso padre, un gran médico, pero sobre todo un gran hombre.
Lo único que pude responderle fue que honoraria su confianza respetando a su hija porque realmente la quería. Y cómo no quererla, se ha portado a la altura de las circunstancias y me ha cuidado como a un bebé, salvo por como me está tratado ahora, pero es que tener que ir a la casa de sus abuelos eran palabras mayores y no sabía como actuar. Los Scott son unos pesos pesados, incluso más que mi propia familia y si no pasaba la prueba con ellos lo más probable es que mi suegro me termine de fusilar o enterarse de cómo partió todo esto.
Hanny sigue molesta aunque ya le dije que iría, después de pasearse unos cinco minutos la veo como se sienta a mi lado en su pequeña cama y mi piel se eriza con ese simple roce que provocan sus manos en mis piernas.
—Debes tener claro algunas cosas de las que pasan en las barbacoas familiares.
—Te escucho—y te siento… Ben, enfócate...
—Por las fechas ya deben estar todos los pequeños en casa, así que la bienvenida será Daniel multiplicado por mil.
—¿En serio?—o sea, no es que no me gusten los niños, pero tampoco soy muy amigo de ellos, con suerte Daniel es al que trato más, pero puedo usar lo que sentí con Joshua, fue una conexión inexplicable.
—Ajá, absolutamente en serio. Por suerte supe por mis informantes que el tío George y el tío Stuart no están en la ciudad, ellos llegarán para navidad. Tendrás dos menos a los que soportar.
—Copiado.
—Aún te falta conocer a Ethan, Thomas y Alma. Esos son los tres peores, sobre todo Thomas porque es uno, sino el mejor abogado de la plaza, después de mis abuelitos y ahí nos debemos detener.
Blue y Adam Scott son dos maravillosas personas, los mejores y más amorosos para recibir a alguien en nuestra familia, pero si hay alguien que nos puede descubrir son ellos dos.
—¿Tanto así?
—Ajá, con el tiempo han aprendido a ser los mejores y no solo en su profesión. Aquí lo más importante es que si hay algo que saben hacer es sacar información con solo una sonrisita.
—Ves, por algo no debería ir—se me sale de la nada y ella me vuelve a mirar molesta.
Se ve tan tierna...
—Ni se te ocurra dejarme sola en esto. Ya dijiste que sí.
—Okey, okey. Ya dije que iría.
—¡Mierda!
—¿Qué pasa?
—Se me olvidó el más importante—¿puede haber alguien más importante que sus abuelos y todos los que me ha nombrado?.
—No sé a quién te estás refiriend, Hanny. Creo que ya los has nombrado a todos.
—Al bis.
—¿Bis?
—El papá de mi abuelita Blue, Agustín Soré. El Bis es un hombre muy perspicaz y tiene ojo de águila. A veces creo que va como diez pasos delante de todos nosotros y eso asusta.
—Perfecto, bisabuelo, intenso.
Ya las cartas estaban echadas, toda esa tarde Hanny me contó de su maravillosa familia y de cómo eran las barbacoas de la familia Scott, me entregó información clara de cada uno para que estuviera alerta, sobre todo de las presuntas preguntas que me podrían hacer para sacarme información. Con cada frase y forma que me contaba sobre ellos sentía una pizca de celos, es que eran tan intensos y sobre protectores que me habría gustado por una vez en mi vida que mi familia fuera así.
—Los mellizos y las gemelas son un tanto hincha bolas, pero las podrás superar, Elliot es el más tranquilo de todos y Sophia es un sol, creo que a ella le vas a encantar.
—¿Y a ti, Hanny? ¿Cómo te tengo que tratar? — ella me mira con su ceño fruncido, creo que no ha entendido la pregunta, pero debía saber a qué atenerme frente a todos ellos ¿no?—. Lo que digo es cómo debo tratarte ¿solo tomaditos de la mano? ¿colocando mi mano en tu espalda baja? ¿te podré besar?
—Pue… pues eso…
Me levanté tranquilamente para quedar frente a ella, lo cual no era difícil en ese espacio reducido, ya llevamos varios días juntos y no ha pasado nada de nada después de lo que hicimos en mi casa. La miré a los ojos y tomé un pequeño mechón que caía de su coleta desordenada y la besé. Sus labios eran tan dulces y suaves que me atreví a más y comencé a jugar con mi lengua en ellos para que me diera acceso, pero ella estaba tensa, cada músculo de su cuerpo me lo decía, aunque la sensación de tenerla en mis brazos era demasiado intensa y quería más.
Nos separo para mirarla a los ojos, es una mujer hermosa, inteligente y ha despertado algo que no sabía que existía en mi corazón. No la he soltado de mi agarre, aunque su cuerpo quema cada parte del mio que la roza, mis ojos están dudosos, pero ya no soy dueño de mi voluntad, frente a ella no.
—Hanny, yo no sé lo que pasa con nosotros, pero yo… yo siento que…
Y de la nada, ahora es ella la que me agarra del cuello y me besa como si fuera un delicioso dulce que ella quería probar, me atrevo a levantarla y ella cruza sus delgadas piernas en mi cintura, mis manos se pasean por toda su espalda hasta llegar a ese trasero en forma de un rico durazno y le doy un leve apretón.
—¡AH¡ Eso no es justo— me recrimina mordiendo mi labio inferior y yo gruño desesperado por… ¿por llevarla a la cama?
—Hanny, debemos detenernos, le prometí a tu papá que te respetaría y que solo con un anillo en tu dedo te haría… eso.
Ella me mira y achina los ojos, esos que ahora parecen una selva inexplorada, no se baja de mi cuerpo y peor, comienza a mover sus caderas en mi ya prominente erección, pero ¿Qué me estaba haciendo? Le acabo de decir que solo…¡Ah!… ¡QUÉ RICO! ¡DIOS QUÉ BIEN SE SIENTE!
—Dime que sí, Ben… quiero probar ESO contigo y yo veo que tú también.
¿Qué fue eso? ¿quiere probar ESO conmigo?
Las palabras se quedan estancadas en mi garganta, el deseo por tenerla bajo de mí en esa cama me está doblegando, pero la mirada de mi suegro reflejada en sus ojos me detiene.
—Hanny… yo de verdad lo quiero, te juro que lo quiero, pero.
De la nada, ella se baja de mi agarre y se arregla el cabello como si nada hubiese pasado en estos minutos, estira su camiseta y luego vuelve a tomar su cabello en un moño loco, ni cuenta me había dado que se había soltado, me mira fijamente de pies a cabeza y luego suspira.
Definitivamente, la había cagado.
—Tranquilo, Benedict. Solo quería comprobar una de mis hipótesis, ahora me queda claro, has pasado la prueba de calidad.
Y sin más sale de su habitación para dejarme ahí de pie, mirando hacia la puerta y con el corazón latiendo a mil por horas y mi m*****o elevado a la décima potencia.
—¿Qué había pasado qué?
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