—Me dijiste que aquí no había nadie verdad —dice la mujer, dando unos pasos, con sus tacones. —No, no hay nadie, escuchaste a Luis que nos lo dijo. —Entonces, no hay nada que nos pueda parar de hacer cosas aquí en este escritorio ¿o si Alexander?. El corazón de Estella se acelera a mil al escuchar el nombre de Alexander, «Entonces si es el ¿pero quién es esa luz Maria? ¿y por qué están aquí?» piensa Estella tratando de no hacer el más mínimo ruido, ni Siquiera con su respiración. De pronto todo queda en silencio y solo se puede escuchar el sonido de dos labios besándose. —¡Hummm! !qué rico besas! —le dice la mujer— siempre me han encantado esos dulces labios. Los ojos de Estella empiezan a llenarse de lágrimas «Daniel tenía razón, el solo me quiere usar para conseguir lo que quiere».

