Dante
Mi hermano me mira como si hubiese perdido la cabeza, y no está lejos de la verdad, pero en mi defensa esa rubia me trae loco, desde que la vi en la cafetería supe que marcaría un antes y un después en mi vida, y vaya que no me equivoque. El Dante desconfiado no deja que nadie entre a su casa y tenga trato con mis hermanos, pero con ella es diferente, su aura me da confianza y seguridad. Es un alma pura en este cruel mundo, un ángel, mi ángel.
-¿Me dirás qué significa esto?-pregunta Donato regresándome a la realidad, ¿Acaso le debo una explicación? Pues no, no tengo que darle cuentas a nadie de lo que hago con mi vida.
-Nada que te incumba, es una amiga, tuvo un problema y le ofrecí quedarse, ¿Algún problema con eso?-pregunto con serenidad, si algo aprendí durante estos años es a controlarme, y como no hacerlo, y por mi culpa todo se acabó.
-¿Desde cuándo acá traes a desconocidos a nuestra casa?-contrataca mientras me lanza una carpeta que reconozco de inmediato, la agarro entre mis manos enojado.- ¿Que pretendes?-pregunta serio.
-¿Que mierda haces revisando mis cosas? ¿Acaso alguna vez me metí en tu vida privada?-pregunto enojado con la idea de que haya estado metiendo sus manos en mis cosas.
-Es menor de edad, puede traernos problemas, ¿Ya la llevaste a la cama?-pregunta logrando que me enfurezca, ahí sí que no, nadie le faltará el respeto a mi stellina.
-En tu maldita vida vuelvas a hablar así de ella.-le grito al tiempo que lo acorraló contra la pared.-Si vuelves a pasarte me olvidaré que eres mi hermano, y espero que te vayas haciendo la idea, porque no pienso alejarme de ella ni por ti ni por nadie.-le aseguro para seguidamente soltarlo, si no lo he golpeado es por no defraudar a mis padres, mi promesa es lo único que me detuvo.-Ella es importante para mí, y sabes que cuando alguien lo es, lo convierte en intocable.-le digo con seguridad.
Salgo de allí, antes de hacer algo de lo que me pueda arrepentir, nadie volverá a lastimarla de eso me encargaré.
Cuando estoy un poco más tranquilo vuelvo a dirigirme hacia el comedor, necesito comprobar que no ha escapado, sé que debe volver a su casa, y es algo que me tiene impotente, pero ya veré como la saco de ahí.
-¿Cómo te sientes?-pregunto en cuanto entro al lugar, ella está recostada por la mesa y en cuanto oye mi voz se sobresalta.-No quería asustarte, stellina.-digo apenado por haberla asustado.
-No, no hay problema solo estaba pensando.-dice regalándome una de sus hermosas sonrisas, esa que hace que mi corazón salte de la emoción.-Creo que debería volver a casa.-susurra haciendo que el ambiente se vuelva tenso.
-Yo no llamaría casa a eso, pero también soy consciente de que no puedo sacarte de ahí, al menos no hasta que arreglemos unas cosas, porque al ser menor de edad tu madre puede decir que eres una niña rebelde y terminaría ganando el caso, si solo tuviéramos alguna prueba.-digo analizando las situaciones.
-No hace falta que intervengas, no es tu asunto, y no quiero que por mi culpa tengas problemas.-susurra inquieta.
-Ya estoy hasta el fondo en esto, y seré quien tome el riesgo, no es tu responsabilidad.-aseguro.
-¿Por qué haces esto? ¿Por qué no solo fingiste que no pasaba nada y me dejaste sola?-pregunta cómo no creyendo lo que le digo.
-Ya te lo he dicho, Andrea. Para mí esto va muy enserio, y no pienso permitir que te vuelvan a lastimar, antes tendrán que pasar sobre mí, y créeme es algo que no permitiré.-le explico y puedo darme cuenta que la he puesto nerviosa.
-Es tan pronto, nos acabamos de conocer, pero siento como si lo hiciéramos hace años.-dice frunciendo su ceño en confusión.
-Me alegra escuchar eso, ya que no quieres dormir veremos una película, y cuando amanezca te llevaré a la clínica para que te hagan los estudios,... ya más tarde te dejaré en tu casa, cosa que dé ya te digo no me agrada en lo absoluto.-aviso al tiempo que agarro su mano para comenzar a caminar hacia el living, por un momento, siento como se tensa, pero segundos más tarde se relaja dejándome conducirla por la casa, ese simple toque mueve cada fibra de mi interior.
-Puedes sentarte aquí, stellina.-le digo mostrándole el sofá, ella asiente nerviosa, y se sienta luego de mirarme por lo que pareció una eternidad, sus ojos lucen tristes, sé que ellos tienen una historia que contar, todos la tenemos, una que nos hizo lo que hoy en día somos.
-¿Tú... te sentaras?-pregunta con sus mejillas encendidas, ¿Acaso puede ser más tierna?
-Claro, solo estoy buscando el control.-le explico mientras rebuscó las cosas buscando, los intensos lo abran dejado por alguna parte,... aquí está, justo al borde de la mesa. Una vez, lo agarro me acomodo en el sofá dejándole su espacio para no incomodarla.
Durante lo que resta de la madruga nos mantenemos mirando películas, y en algún momento de la noche mi ángel se recuesta en mi hombro, cosa que disfruto.
-¿No han dormido?-pregunta la vocecilla de mi hermana haciendo que Andrea se separe de mí y si no fuera porque la agarre de su pequeña cintura hubiese caído de lleno al suelo.-Upss, no quería asustarte amiga de Dante, ¿También puedes ser mi amiga, verdad?-pregunta con su carita de ángel cuando se para al frente de nosotros.
-Yo,... Claro, jamás he tenido amigos.-dice con melancolía, ¿Será posible?
-¿Nunca, nunca?-pregunta Pia.
-Nunca, así que no sé cómo es tenerlos.-susurra avergonzada.
-Pues de ahora en adelante nos tienes a nosotros, amiga.-le digo sonriente y es que con ella todo es tan natural.
-Gracias, no saben lo que significa para mí.-dice al tiempo que se pone de pie.-Creo que deberíamos irnos.-dice.
-Sí lo haremos, pero primero comerá algo, señorita.-digo e inmediatamente sus ojos se abren como plato.
-No, ya... es mucha molestia, además comeré cuando llegue a casa.-dice mientras mueve sus manos nerviosa.
-Desayunaremos algo rápido y luego iremos, por favor.-pido mirándola fijamente, y puedo sentir su alma temblar, pero necesito que se muestre tal y como es para poder ayudarla.
-Yo,... está bien.-dice para nada segura.
-Perfecto, mi hermano prepara unos desayunos deliciosos.-dice con orgullo la intensa de Pia, ya me había olvidado que estaba aquí.
-Pues quiero probarlos.-dice mi stellina más relajada.
Caminamos hasta el comedor, y en cuanto llegamos me pongo a preparar el desayuno para mis chicas, debo dar una buena primera impresión.
Ellas me ayudan con algunas cosas, mientras hablamos de cosas irrelevantes, pero todo se tensa cuando mi hermano entra al comedor, no sé porque no lo agrada, si ni siquiera han hablado más que aquella vez en la que la ayudaron.
-¡Donato, estaba a punto de ir a sacar tu trasero de la cama!-le grita divertida en cuanto lo ve provocando que este la fulmine con la mirada.
-Cállate, cucaracha aplastada.-contrataca.
-Y tu rata intoxicada.-le dice furiosa, ruedo los ojos con exasperación, es tan habitual esto, pero no permitiré que se comporten así cuando está ella.
-¡Basta los dos, se sientan y se mantienen callados!-exclamo mirándolos con desaprobación.
-No voy a desayunar, no me gusta que en mi casa haya gente desconocida.-dice con cizaña.
-Te vas a sentar, y vas a pedirle una disculpa, o te sacaré el auto.-le digo y veo su intención de protestar así que continúo.-es mi última palabra, Donato Ferrara.-aseguro, mi stellina esta incómoda y la entiendo.-Estoy esperando.-digo cuando
Se sienta, pero no se disculpa.
-Yo... lo lamento, Andrea.-dice forzadamente.
-No hay problema.-dice ella agachando su cabeza, es algo que detesto, ella no debe bajar su mirada ante nadie.
-Bien, a comer.-digo dejando un plato para cada uno para seguidamente sentarme enfrente de Andrea, mis hermanos se han puesto uno a cada lado. Mientras me alimento observo cada movimiento de Andrea, luce nerviosa, mira su plato y una mueca aparece en su hermoso rostro, sé que no debo presionarla, pero necesito hacerlo por su bien, necesito comprobar que lo que ha dicho el médico es real, necesito tantas cosas y todas giran alrededor de una única persona, ella.
-Esto está delicioso, Danti.-dice Pia, captando mi atención, le miro de mala manera, odio ese estúpido apodo.- ¿Acaso no te gusta la comida?-le pregunta confundida, a veces te pasas hermanita con tu imprudencia.
-No es eso, está delicioso.-dice dándole una cucharada al huevo revuelto, veo como traga con dificultad, y mentiría si dijera que no me duele verla así.
Mis hermanos terminan su desayuno y se retiran, dejándonos solos, ella come despacio, por mi parte, me levanto para agarrar los platos y llevarlos al lavado, pero su voz me detiene.
-¿Puedo pasar al baño? Si nos mucha molestia, claro.-dice apresuradamente, y sé que lo hará, por un momento creí que el médico está equivocado, pero sus actitudes lo comprueban.
-Sí, sube las escaleras, dobla a la derecha.-me indico y ella prácticamente sale corriendo, dejo todo en el lavado y salgo del comedor para comenzar a subir las escaleras, una vez, en la planta alta camino hasta el baño y efectivamente, ella está devolviendo lo poco que ha ingerido. Mi corazón se rompe a comprobar uno de mis temores, ella está enferma y necesita ayuda.
-Andrea, abre la puerta, por favor.-pido tocando.
Andrea
-Andrea, abre la puerta, por favor.-su voz me paraliza. Dios, que vergüenza, ahora creerá que soy una enferma, que estoy loca, pero no es así.
Me acerco al lavado en dónde me enjuago la boca, y sin más opciones abro la puerta, muero de vergüenza, sus ojos lucen ¿Tristes?
-Yo me estaba retocando.-miento.
-No tienes que mentir, no te estoy juzgando, solo te pido que confíes en mí y que me dejes ayudarte.-dice aquello que soñé con escuchar hace mucho tiempo.
-Acepto, quiero ayuda, quiero salir de ese infierno y ser feliz.-digo con lágrimas en los ojos sin ser redamadas.
-Lo haremos, juntos.-asegura atrayéndome a sus brazos, como que se le está haciendo costumbre, bueno no es como que me queje, sus abrazos son tan reconfortantes, me hacen sentir protegida.
***
Cuando veo el auto de mi hermano, sonrío feliz,... Le he pedido a Dante que me deje una cuadra antes, estoy muy agradecida con su ayuda, pero no sé si sea lo correcto.
Me encamino a la entrada de la casa, y tocó el timbre, la puerta es abierta minutos más tarde, por una de las empleadas.
-Su madre no está para nada feliz, así que ponga su mejor sonrisa y vaya a recibir a los invitados.-dice demandante.
-Sí, lo lamento.-Digo siguiendo mi camino, sé que los golpes siguen presentes, en especial el de la frente.
-Buenos días.-saludo entrando al lugar. Mi hermano se levanta emocionado para abrazarme, y lo recibo gustosa, no todos los días tu hermano te visita y te salva de una paliza sin saber.
-Hermanita, estás hermosa.-dice sonriente mientras se aleja para que saludé a su esposa.
-Hola, Isa.-saludo con cansancio.
Mi mirada va a un punto en la mesa, y mi respiración se atasca cuando veo a Elliot y a Lorenza en una esquina de la mesa. Me miran fingiendo tranquilidad, pero sé que es todo lo opuesto.
Buenas lamento la demora, espero que estén muy bien y que hayan disfrutado del capítulo.
¿Qué les pareció?
¿Por qué Donato se comporta así?
Nos leemos el martes.
Estefanía... Saludos ❤️