Ciudad de México. Cuando llegó Alma Delia a la ciudad, aún le quedaban días libres de vacaciones y se dedicó a convivir con sus amigas Carlota y Judith. Fueron a un SPA y ahí estuvieron platicando largamente sobre su estancia en Monterrey. - A ver, cuéntanos, Alma Delia - dijo Judith- ¿Cómo te fue en Monterrey?, ¿Cómo te fue con los abuelos de Enrique? - En general, bien. - Respondió ella- sobre todo con su abuelo, siento que, si me recibió con afecto y sin objeciones, pero a su abuela la noté a veces indiferente y me hizo muchas preguntas como para saber qué clase de persona era yo y como vivía mi familia. Lo bueno que Enrique siempre estuvo a mi lado y pudo salvarme de algunas preguntas incómodas. - Bueno - dijo Carlota- Es que a veces las mujeres somos más sensibles y queremos saber

