— “Eres una sucia perra, solo eso” — Dime, ¿De qué te la das? — era claro que aquel hombre, si es que se podía catalogar como un hombre, estaba allí solo para arruinar la reputación de Isabella. — Eres mi mercancía, te compré en rebajas porque tu padre me hizo creer que eras una mujer recatada, y virgen para mí, pero veo que ya tienes a otro candidato. — ¡Trepadora ! — maulló aquel hombre. Si podía sellarle la boca, lo hacía, pero desafortunadamente el ya había abierto la boca para sacar todo el veneno. —¡ Saquen a este rufián de aquí! Y no le permita su entrada otra vez ! — dije con cara seria. — No vas a tratarme así, mocoso —refunfuñó el sujeto en cuestión. Era un tipo sin gracia, sin amabilidad, y que además tenía una idea errónea acerca de creer que se puede comprar a alguien p

