IMPREGNADA EN SU ALMA.

3297 Palabras

No podía creer lo cínica que era esa mujer. ¿Cómo se atrevía a hablarle mal a mi padre de mí, estando yo presente? Sentí la irritación correr por mis venas ante su perfecto victimismo. —Tú ¿Pagas los gastos en la casa de mi hijo? —Si. Lo he hecho desde que ingresé a vivir ahí —volvió mi padre a lanzarme esa mirada estremecedora. —Tú no debes estar aquí, tienes que estar estudiando. Déjame y soluciono este problema ahora. —No se preocupe, señor Fabien. Yo ya comprendí que mi... cuñado no puede estarme manteniendo, no es su obligación. Ni cuando mi hermana vivía lo hacía, menos lo tiene que hacer ahora. —Pequeña Dana ¿Puedes esperarme a fuera? —Si, claro que sí —se giró, caminó hacia mi dirección, mientras lo hacía me sacó el dedo del medio y sonrió satisfecha. Agarró su cartera

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