—Ese collar es mío, o por lo menos lo era —Por instinto toqué el colgante que tenía en mi cuello y desde que tenía uso de razón no me había quitado jamás. Él sonrió débilmente caminado hasta mí, sacó la cadenita con forma de pentagrama de seis puntas de color rojo y lo tocó con sus dedos—. Te lo coloqué por protección, así sabía que te encontrabas bien en todo momento. Algo en mi cerebro hizo clic. —¿Por eso sabías lo que pensaba? —alcé una ceja sorprendía. Sonrió un poco y asintió viendo que no tenía escapatoria. —Culpable —admitió riendo—. Aunque ya no sirve de mucho —hizo una mueca—. Al estar aquí, desarrollas tus habilidades muy rápido, sin darte cuenta, por ello bloqueas la mente y hace que sea un poco difícil leerte —explicó—. Solo sucede cuando estás muy tranquila. —Algo bueno s

