—Lo siento —dijo arrepentido besandome el hombro—. prometo enmendarlo. Trató de salír pero la fricción hizo que me viniera en un orgasmo. De acuerdo, creo que a mi cuerpo está comensando a gustarle el sadomasoquismo. Asmodeo soltó una ligera carcajada besando mi mandíbula. —Rudo será... “Santas gomitas de osito, me harán la follacion a lo Martillo perforador”. Se hundió más fuerte jadeando por mi estrechez y me dejé ir en todas las sensaciones nuevas de las que estaba siendo victima. Ya me puedo morir en paz. —Tan deliciosa —gimio empujando nuevamente su cadera hasta el fondo. Sus colmillos rozaban con delicadeza mi hombro desnudo. Allí succionó ligeramente y dio un mordisco sin dejar moverse. Estaba tan perdida y concentrada en el orgasmo que estaba a nada de tener, que no me importó

