Negó deteniendo nuestro andar hasta quedar cerca de la entrada. -Estaremos cerca de ti, miedica. Nada te podrá ocurrir mientras estemos contigo. Cuando cruces esa puerta -la señaló con un dedo-, no podrás vernos, pero sí sentirnos. ¿Bien? Negué asustada. -No sé lo que tengo que hacer -observé de reojo la entrada en donde dos chicas con menos tela que yo en su cuerpo, sí eso era posible, caminaban en dirección a la enorme puerta de hierro que había en la entrada. Allí hicieron un toque con sus tacones y enseguida un hombre alto, vestido completo de blanco y con una espada a su espalda,les abrió. Las miró de arriba abajo y tomó a una de ellas por el cuello, allí revisó su nuca y sin más las dejó ingresar cerrando la puerta detrás de él sin percatarse de nosotros. -Confia en tu Valkiria

