Al principio todo iba bien, Dimitri y Alexander llamaban cada día a Emma para saber su estado, como se sentía y para mantenerse cerca, pero por cada semana que pasaba, aquellas llamadas se convirtieron en mensajes y de todos los días, pasaron a ser una vez por semana, a veces ni siquiera hablaban con ella. Pero aún así, Emma continuó enviándoles mensajes todos los días, así como el avance de su embarazo. Solían dormir en la empresa, debido al exceso de trabajo. Emma los esperaba, pero poco a poco dejó de hacerlo. Solía ir sola a los restaurantes, los mozos ya la conocían, siempre estaba sola, pedía para uno y siempre amable. Aquella noche fue especialmente extraña, como algunas noches en la semana, Emma fue a cenar a un hermoso restaurante. Su mesa estaba reservada, ella entró y los mozo

