Massimo estaba en su despacho, recostado en el enorme sillón de cuero n***o, con una copa de whisky en una mano y una sonrisa torcida en los labios. La tarde había sido larga, pero traer a esa mocosa a casa había sido una de sus mejores decisiones en semanas. Sabía que tener a Clara bajo el mismo techo sería un maldito caos, pero también un entretenimiento que le hacía falta. Además, Greta… Greta estaría feliz, y aunque no lo admitiría en voz alta, verla sonreír era una de las pocas cosas que le aflojaban la coraza. Tomó los documentos que tenía apilados sobre el escritorio custodia, autorización de salida, papeles firmados y sellados y se puso de pie. Subió las escaleras despacio, disfrutando del silencio previo al pequeño infierno que sabía que encontraría detrás de esa puerta. G

