Allegra se asomó con cautela para mirar hacia la enorme cama. Estaba cansada, llevaba rato allí de pie, pues se rehusaba a sentarse, y nadie venía a abrirle la puerta. Se quitó los tacones y caminó descalza intentando no hacer ruido. Corrió una de las cortinas e intentó abrir la ventana, pero entonces Duncan se removió en la cama a causa de la luz que entró y ella se tiró al suelo para que no la viera por si abría los ojos. Pero él no despertó. Aquello era muy extraño. No recordaba que Duncan tuviera el sueño tan pesado, ni que durmiera a esa hora del día. Alzó la cabeza y miró en dirección a ese cuerpo que ella conocía tan bien, y notó entonces que la respiración de él no era apacible como debía ser, no. Él respiraba con dificultad, y tosía de vez en cuando. Perdiendo la cautela, se a

