Allegra estaba en su habitación, desconcertada. No podía creer que se le hubiera salido el que se enamoró de él. ¿Por qué lo había hecho? Él sólo se lo tomó a burla, como si fuera una estratagema para embaucarlo. —Soy una idiota –se dijo, y tuvo ganas de volver a llorar. Por primera vez le decía lo que sentía por él y todo se había convertido en un malentendido que él usó para humillarla aún más. No tendría oportunidad de volver a escucharlo, se juró. No podía amar a alguien así. A alguien que se regocijaba haciéndole daño. Si bien él tenía razón en estar enojado contra ella, no tenía ningún derecho a gritarla e intentar forzarla. En el pasado nunca lo hizo, y sólo la gritó esa última vez, a la salida de la Chrystal. Al parecer, él seguía respirando el mismo veneno. ¿Por qué? Había su

