Narra Soledad. Escuche unos pasos. El terror puro inundó mis venas, estaba helado y me dio ganas de escapar de mi piel. Todo mi cuerpo temblaba con tanta fuerza que me castañeteaban los dientes. Me concentré en el libro entre mis manos. Traté de recordar lo que había dicho Anthony. Excepto que no había dicho nada, nada que explicara por qué había debía hacer esto ¿Confías en mí? Eso es lo que había dicho. Dije que sí, y ahora me enfrentaba a la mayor prueba que pudiera imaginar. Pero esto no fue una prueba. Anthony no había arreglado esto. Alguien nos había encontrado. Pero entonces, ¿por qué no estábamos corriendo? Quería gritar, correr, saltar por la ventana si tenía que hacerlo, pero él había dicho que me quedara aquí detrás del escritorio y que leyera un libro. Necesitaba calmarme.

