Narra Soledad. Me desperté en una habitación prácticamente vacía, el piso era de cerámica blanca. Había un colchón, una mesa y un pequeño banco. No había ventanas y la puerta era de meta parecía automática. Lo último que recordaba fue cuando un hombre me pidió ayuda para encontrar a su pequeño hijo que lo había perdido de vista mientras el estaba en el baño. Decidí ayudarlo porque se veía desesperado, pero cuando di unos cuantos pasos me tapó la boca y nariz con un trapo con un olor extraño. Luego de eso comencé a marearme, después todo se volvió oscuro. No tenia idea de donde rayos estaba y quien me había raptado. No me gusto la idea de ser prisionera de nuevo. Había tres botellas de agua en una fila. Las había evitado, pero finalmente, mi garganta reseca me obligó a ceder y abrir una. S

