Es algo que no se dejaba de repetir una y otra vez en mi cabeza, estaba claro que todo había sido un sueño muy real, de esos difíciles de olvidar, pero era en extraño todo. Algo no encajaba y me llenaba de intranquilidad. Nunca había escuchado nada parecido a ningún de los compañeros campistas con los que a veces coincidíamos para hacer algunas salidas de varios días, y eso que una vez alcanzado el rellano donde levantar el campamento para pasar la noche, se solía encender una pequeña fogata, que aparte de proporcionar calor para calentar el agua y la comida, ofrecía a media noche un marco incomparable para contar historias, a cada cual más inverosímil. A los chicos les gustaba siempre narrar anécdotas personales, exagerándolas en cuanto a su tenacidad y destreza a la hora de salir de lo

