Antonio puso el auto en marcha de inmediato, ahí dejaba uno de mis mejores momentos, aún tenía su fragancia en mis manos, las olí casi enfermiza y rememoré el beso húmedo y exigente de su boca, era exquisito traerlo al presente, como el corazón latía y sudaban mis manos, lo que despertaba en mi pecho y bajaba caliente hasta mi vientre era todo lo que necesitaba para satisfacer mi vida. -¿Cómo te fue Victoria?– Antonio me miraba por el retrovisor, ¿notaría mi estado? -Muy bien Antonio, creo que encontré una que me gusta. -Qué bueno, ¡cómo se portó el doctor? -Se ha portado bien.–La radio sonaba de fondo mientras el carro rodaba. -Llegamos.-Apagó el motor y bajó, luego fue por mí, abrió la puerta y me ofreció la mano.–Tranquila, yo estaré contigo.-Le agradecí con un gesto, frente a mí e

