Charlotte. Volví a la casa, al menos había buscado una solución coherente a todo esto, debo buscar de que forma deshacerme de Ferrari, al menos luego de que trabajé para mi, es claro que si llega el comandante desde Roma, él se puede torcer y no puedo dejar que eso pase. Sé que el dinero es el que lo mueve todo y él no es inmune a caer ante otro pez más grande que quiera ofrecerle mejores cosas. Lancé mis cosas a la enorme cama, mientras pensaba que era lo que estaba pasando a mi alrededor, no solo son las cosas que aparentemente pasan en el negocio y no solo con eso, creo que tantas preocupaciones están haciendo que mi cuerpo se vea afectado. —Hermana ¿estás disponible? —Lía se asoma a la puerta de mi habitación. Limpió mi rostro lleno de sudor y la invité a pasar. —Ven, siéntat

