—¿Después de la conferencia?
—Tendré que ir a cenar con los organizadores, pero me gustaría que te reunieras conmigo en mi casa después de la cena.
—¿No será muy tarde?
—No para lo que tengo en mente. Me lo prometiste, ¿lo has olvidado?
________ sonrió al recordar las nuevas fiestas de pijama, más maduras, que había descubierto recientemente.
—Entonces, ¿nos veremos el viernes? —insistió él, susurrando.
—Sí, tendré que buscar una excusa para Paul. Iremos a la conferencia juntos.
Al otro lado del teléfono se hizo un silencio tenso.
—¿Hola? —______se desplazó un poco para mejorar la recepción—. ¿Sigues ahí?
—Estoy aquí —respondió él, en un tono glacial.
«Scheiße», pensó ella.
Tras unos instantes de silencio, Tom siguió hablando:
—¿Teníamos o no teníamos un acuerdo de no compartirnos con nadie?
«Doble Scheiße.»
—Por supuesto.
—Yo he mantenido mi palabra.
—Tom, por favor...
—Dime que he malinterpretado tus palabras —la interrumpió él.
—Somos amigos y me invitó a acompañarlo a la conferencia. No me pareció nada malo.
—¿Te gustaría que yo me viera con otras mujeres? ¿Que fuera a actos públicos con ellas?
—No —admitió _______ en un susurro.
—Entonces te ruego que tengas la misma deferencia conmigo.
—Por favor, no te enfades.
Su petición chocó con un muro de silencio.
—Es el único amigo que tengo. Ser estudiante en una ciudad extranjera es muy... solitario.
—Pensaba que yo era tu amigo.
—Por supuesto que lo eres. Pero necesito a alguien con quien hablar de las clases y cosas así.
—Cualquier tema relacionado con la universidad deberías hablarlo conmigo.
—Por favor, no me obligues a renunciar al único amigo que tengo. A ti no puedo verte siempre que quiero; me quedaría totalmente aislada.
Tom se estremeció.
—¿Le has dicho que te estás viendo con alguien?
Ella tragó saliva.
—No. Pensaba que era un secreto.
—Vamos, ______, no te hagas la tonta. —Respiró hondo para tranquilizarse—. De acuerdo. Admito que necesitas un amigo, pero tienes que dejarle claro que no estás disponible. Paul está claramente interesado en algo más y eso podría crearnos problemas.
—Le diré que tengo un nuevo novio. Hemos quedado para ir a ver una exposición dentro de dos semanas...
—No, no irás con él —gruñó Tom—. Yo te llevaré.
—Pero... ¿en público? No podemos.
—Yo me ocuparé de los detalles. Entonces, ¿dentro de un momento lo veré entrar en el aula llevándote los libros? —preguntó con ironía.
—Tom, por favor.
Él soltó el aire sonoramente.
—De acuerdo. Olvidémonos de esto. Pero lo estaré vigilando. Y respecto al viernes, te daré una llave. O avisaré al conserje para que te deje entrar.
—De acuerdo.
—Hasta dentro de nada.
Cuando Paul y ______ llegaron al aula de seminarios, Tom ya estaba allí. Tras fulminar a Paul con la mirada, volvió a revisar sus notas. Comprobó satisfecho que _______ volvía a usar el maletín. Era una tontería, pero se sintió muy contento.
El resto de los alumnos, incluida Christa, paseó la mirada entre ______ y El Profesor unas cuantas veces. Parecía que estuvieran en un partido de tenis en Wimbledon.
_______ se sentó en su asiento de siempre, al lado de Paul, con actitud deferente.
—No te preocupes, lleva toda la semana de buen humor. No creo que hoy se meta contigo. —Paul se inclinó hacia ella para susurrarle al oído—: Debe de haberse tirado a alguien este fin de semana. Más de una vez.
El profesor Kaulitz carraspeó con fuerza hasta que Paul se apartó.
_______ se sofocó al oír el comentario de su amigo. Sin levantar la cabeza, empezó a tomar notas sin parar. El truco funcionó. Pronto había dejado de pensar en el sábado por la mañana y en Tom desnudo, mojado, dejando caer una toalla pequeña, lila.
Él casi no la miró y en ningún momento le preguntó nada, ni le hizo comentar ningún tema. En resumen, la clase supuso una enorme decepción para los alumnos desde el punto de vista del entretenimiento. Christa fue la única en sentirse satisfecha de que, al fin, el universo hubiera vuelto a su órbita —casi— correcta.
—Están todos invitados a la conferencia sobre la lujuria en el Infierno de Dante que daré en el Victoria College el viernes a las tres de la tarde. Nos vemos la semana que viene. La clase ha terminado.
El Profesor recogió sus cosas rápidamente y salió del aula sin mirar a nadie. Paul se inclinó sobre ______ una vez más.
—¿Te acompaño a casa? Podríamos comprar comida tailandesa por el camino.
—Me encantaría que me acompañaras, pero esta noche me la voy a pasar trabajando. Aunque hay algo que quería comentarte.
El viernes por la mañana, _______ estaba frente al armario abierto, preguntándose qué iba a ponerse para la conferencia. Sabía que a Tom no le gustaría verla allí con Paul, pero también sabía que luego pasarían la noche juntos en su casa. Ya había metido en el maletín lo que podía necesitar. Quería causarle buena impresión. Quería que Tom se fijara en ella entre todas las demás y que pensara que estaba muy guapa. Así que, por primera vez ese curso, se arregló. Se puso un vestido n***o, medias negras tupidas y botas de piel negra de tacón alto. Rachel la había convencido para que se las comprara, hacía varios años. Se adornó con unos sencillos pendientes de perla que habían pertenecido a su abuela paterna y se rodeó el cuello con una pashmina lila, por si el modesto escote resultaba excesivo para una conferencia en pleno día. Paul y ella fueron de los primeros en llegar a la gran sala de conferencias. Se sentaron en una de las últimas filas, al lado del pasillo, para no llamar la atención. El personal docente solía ocupar las primeras y los estudiantes no solían atreverse a romper esa convención. Sólo poner un pie en la sala, _______ sintió la presencia de Tom. Una extraña tensión vibraba entre ellos, incluso a esa distancia. Notó que él la miraba y supo que pronto estaría frunciendo el cejo. Una mirada de reojo a la tarima confirmó sus sospechas. Estaba fulminando a Paul con la mirada mientras éste le apoyaba la mano en la parte baja de la espalda para guiarla hacia el asiento.
Pero luego, en seguida, dirigió la vista hacia ella y, con una sonrisa ladeada, la examinó de arriba abajo, deteniéndose un segundo más de la cuenta en sus botas de tacón. Volviéndose, siguió conversando con otro de los profesores.
________ dedicó varios segundos a admirar su aspecto. Estaba imponente, como siempre, vestido con un traje de Armani n***o, una camisa blanca de puños dobles, estilo francés, corbata negra y unos zapatos de vestir también negros que, por suerte, no eran puntiagudos. Sorprendentemente, llevaba un chaleco debajo de la americana, que tenía desabrochada. ________ se fijó en la cadena de un reloj que colgaba de uno de los bolsillos del chaleco.
—¿Has visto? Lleva un chaleco y un reloj de bolsillo —comentó Paul, negando con la cabeza—. ¿Cuántos años tiene este tipo? Apuesto a que guarda un retrato en su desván que va envejeciendo en su lugar.
_______ disimuló una sonrisa, pero no dijo nada.
—¿Sabes qué me encargó hacer ayer?
Ella negó con la cabeza.
—Tuve que meter algunas de sus preciosas plumas en una caja, cerrarla bien y enviarlas a un hospital de estilográficas. ¿Te lo puedes creer?
—¿Qué es un hospital de estilográficas?
—Un taller de reparación para plumas enfermas, que ofrece servicio a una pandilla de dueños de plumas aún más enfermos, a los que les sobra el dinero. Y el tiempo. O el tiempo de sus ayudantes.
________ se echó a reír y desconectó el teléfono.
Recuperado ya de la gripe porcina, el profesor Jeremy H. Martin, catedrático de Estudios Italianos, dio la bienvenida al centenar de asistentes e hizo una elogiosa presentación de los logros y la actual investigación del profesor Kaulitz. ________ vio que Tom se removía incómodo en la silla, como si los halagos le desagradaran. Sus miradas se cruzaron y ella le sonrió, dándole ánimos. Los hombros de él se relajaron ostensiblemente. Era obvio que el profesor Martin estaba muy orgulloso del profesor Kaulitz y que no tenía ningún reparo en expresar esa admiración. Tom había sido el fichaje estrella del departamento y no había defraudado las expectativas que habían depositado en él. Le habían dado plaza fija tras publicar su primer libro con la Oxford University Press. Iba camino de convertirse en un académico tan famoso como Katherine Picton. O al menos eso esperaba el profesor Martin Tras un breve aplauso de bienvenida, Tom se puso las gafas, colocó sus notas en el atril y comprobó que el PowerPoint estuviera a punto. Antes de empezar a hablar, se tomó un par de segundos para examinar a los presentes: en la primera fila, el profesor Martin sonreía, la señorita Peterson, un poco inclinada hacia adelante, se estaba acariciando el contorno del escote y el resto de sus colegas esperaban, claramente interesados en lo que iban a escuchar. Con la excepción de una de ellos. Una profesora que no parecía ni remotamente interesada en la investigación ni en nada académico. Sus intereses eran mucho más disolutos y libertinos y, para que no cupiera duda de cuáles eran, se estaba pasando la lengua por los labios, pintados de color carmesí. Era una mujer retorcida. Una depredadora. Tom se sintió incómodo bajo el escrutinio de su mirada de serpiente, sobre todo con _______ en la misma sala. Sabía que su pasado acechaba en cada esquina, pero que Dios se apiadara de él si aquellas dos mujeres llegaban a conocerse. Apartando los ojos de la rubia profesora, se obligó a sonreír. Buscó la mirada de _______, sacó fuerzas de su cálida expresión y empezó:
—El título de la conferencia es «La lujuria en el Infierno de Dante: el pecado capital contra el Yo». Lo primero que uno se pregunta al ver este título es cómo puede la lujuria ser un pecado contra uno mismo, cuando su objetivo siempre es otra persona. Pero siempre se utiliza a otra persona para obtener gratificación s****l personal.
Le llegó una risa disimulada de la primera fila, pero la ignoró, limitándose a endurecer un poco la expresión de la cara como respuesta.
—La noción de pecado de Dante viene definida en gran medida por los escritos de santo Tomás de Aquino. En su famosa Suma Teológica, santo Tomás afirma que toda acción malvada o pecado es una forma de autodestrucción. Considera que la naturaleza humana tiende a ser buena y sensata. Cree que la naturaleza de animal racional del hombre fue creada por Dios para la búsqueda del bien y, más específicamente, de las virtudes. »Cuando un ser humano se aparta de ese destino natural, se daña a sí mismo, porque no hace aquello para lo que fue diseñado. Lucha contra él y contra su naturaleza.
La señorita Peterson se echó hacia adelante, claramente interesada.
—¿Por qué Tomás de Aquino tiene esta visión tan peculiar del pecado?
»Una razón es porque acepta la afirmación de Boecio de que la bondad y el ser son intercambiables, es decir, que todo lo que existe tiene al menos parte de bondad intrínseca, ya que ha sido creado por Dios. No importa lo sucio, destrozado o pecador que sea ese ser humano. Mientras siga existiendo, el bien existirá en su interior.
Apretó un botón y la primera imagen apareció en la pantalla. _______ reconoció la ilustración de Lucifer hecha por Botticelli.
—Según esta teoría, nadie, ni siquiera Lucifer atrapado en el hielo en el Infierno de Dante, es completamente malo. El mal sólo puede existir alimentándose del bien, como un parásito. Si todo el bien de una criatura fuera eliminado, esa criatura no podría seguir existiendo.
Notó un par de astutos ojos clavados en él, burlándose de su concepción burguesa del bien y del mal. Carraspeó antes de continuar:
—Es un concepto que a muchos de nosotros nos cuesta aceptar. La idea de que incluso un ángel caído, condenado a pasar el resto de sus días en el infierno, tenga parte de bondad. —Buscó a _______ con los ojos, esperando que captara la súplica que había en ellos—. Una bondad que ruega ser reconocida, a pesar de la triste y desesperada adicción del ángel caído por el pecado.
Una nueva ilustración de Botticelli mostraba a Dante y a Beatriz bajo el cielo de las estrellas fijas del Paraíso. ________ reconoció la imagen que Tom le había mostrado en su despacho, la que formaba parte de su colección privada.
—En este contexto, consideremos los personajes de Dante y Beatriz. Son el prototipo del amor cortés. En La Divina Comedia, Beatriz le pide a Virgilio que guíe a su amado Dante a través del Infierno, ya que ella no puede descender hasta allí a causa de su residencia permanente en el Paraíso. Mediante esta conexión entre Beatriz y Virgilio, Dante está expresando su convencimiento de que el amor cortés está más ligado a la razón que a la pasión.
Ante la mención de Beatriz, _______ empezó a removerse inquieta en el asiento, manteniendo la cabeza baja para no delatarse. Paul se dio cuenta y, malinterpretando su inquietud, le tomó la mano y se la apretó ligeramente.
Estaban sentados demasiado atrás para que Tom viera lo que estaban haciendo, pero sí se dio cuenta de que Paul se inclinaba hacia _______ y de que su mano desaparecía cerca del regazo de ella. La visión lo distrajo momentáneamente.
Tosió mientras recuperaba el hilo y, al oírlo, _______ levantó la vista y se soltó de la mano de Paul.
—Pero ¿qué pasa con la lujuria? Si el amor es el cordero, la lujuria es el lobo. Dante lo deja claro cuando la identifica con un pecado de incontinencia, de falta de control. Al igual que el lobo, en el pecador, la pasión se impone a la razón.
Al oír esas palabras, Christa se sentó en el borde del asiento, inclinándose lo suficiente como para que su escote fuese visible desde el estrado. Por desgracia para ella, Tom estaba demasiado ocupado pasando a la siguiente imagen, que no era otra que la escultura de Rodin, El beso.
—Dante sitúa a Paolo y a Francesca en el Círculo de los Lujuriosos. Sorprendentemente, la historia de su caída va íntimamente ligada a la tradición del amor cortés. En el momento de su indulgencia lujuriosa, estaban leyendo juntos sobre la relación adúltera entre Lanzarote y la reina Ginebra. —Tom sonrió travieso—. Vendría a ser el equivalente medieval de unos preliminares a base de porno.
Se oyeron unas risas en la sala.
—En el caso de Paolo y Francesca, la pasión se impuso a la razón, que debería haberles dicho que, ya que uno de los dos estaba atado a otra persona, debían tener las manos quietas.