Cincuenta y cinco.

1815 Palabras

El sonido del claxon de los autos que se encontraban tras de mí, me sacó de los remotos pensamientos. Estacioné el auto y subí a toda prisa, al abrirse los ascensores Beatrice se acercó y caminó a mi lado dándome las indicaciones. —¡Gracias Bea!, ya hablamos después. Abrí la puerta de la sala de reuniones y acarreé la mirada de todos, incluida la de ese imbécil que estaba parado. Sus labios se curvaron formando una sonrisa estúpida. —¿A qué viene señor Santoro?, si ya la reunión está por terminar—, miró su reloj y regresó la mirada a mí —Cuarenta minutos de retraso. —Esta es mi empresa y llego a la hora que se me dé la gana, ¿tienes algún problema con eso? —Que no se te olvide que es la empresa de todos los que la conformamos, y para llevarla a flote se necesita de un presidente q

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