El Contratista y El León Kairon se movió en la cama como si le hubiese pasado una estampida por encima y la cabeza no dejaba de doler. Lo último que recordaba era estar bebiendo con los aldeanos quienes parecían tener una resistencia admirable y luego despertar en esa cama. Se acomodó para sentarse, pero sólo consiguió que la cabeza le doliera más. Poco a poco, abrió los ojos, recorriendo el lugar. Levantó la sábana que lo cubría y advirtió que estaba desnudo. Giró la cabeza y vio a Yaina durmiendo profundamente con el cabello suelto sobre la almohada, dándole la espalda. Estaba desnuda como él. Cerró los ojos tratando de recordar el haberla tomado, pero nada venía a su mente. Recorrió el lugar con la mirada para tratar de ayudarse a recordar lo que había pasado. Su ropa estaba tirada

